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Historia urbana. De piedras de colores a moderno hostal |
Independiente de las ideas, de los valores y de lo negativo que pueda parecer a la imagen de un lugar, los “burdeles”, “casas de citas”, “…de tolerancia”, “… de huifas” o de cualquier adjetivo que se les quiera endosar han existido como una forma de ejercer la profesión más antigua del mundo en Chile y en el resto del orbe. Villarrica no ha estado ajeno al tema y en la ciudad se han desenvuelto algunas muy populares y visitadas, según se comenta, por importantes personajes de la alta alcurnia social local, quienes se mezclaban entre el “populacho” deseosos de alcanzar los favores de una damisela del burdel. Eso, aunque muchos lo quieran negar. El tema es que por boca de algunos a los que “otros les contaron” se han escuchado historias de amores y desencuentros urbanos que, quiérase o no, entrega cierta identidad a diversos barrios y sectores de la ciudad. Pasiones de una noche, amores de alcoba, juegos de sexo y un cuanto hay se podían encontrar años anteriores con el apogeo de este tipo de casas. Si bien la prostitución es un tema muy actual y difícil de hurgar, no es menos cierto que hoy no se da como antaño. En estos tiempos el avance de la tecnología y las comunicaciones permite que este negocio del placer se maneje en ámbitos diferentes. Un solo click en el mouse del computador o una llamada por celular puede logar que en cuestión de minutos una escultural dama –o varón de acuerdo al gusto- pueda entregar los placeres carnales que años atrás se daban en un viejo “catre” de alguna de estas famosas “casas de tolerancia”.
Piedras de colores
Uno de los más conspicuos sitios que aún permanecen en el imaginario urbano en Villarrica fue “la casa de la piedras de colores. En ese lugar –según cuentas los mayores- una popular “tía” era la dueña de la noche y administraba a un grupo de coquetas parroquianas que se entregaban al amor por unos cuantos pesos que a la postre les permitían vivir. Allí la Lupe, la María, la Anita y otras tantas que con un nombre de fantasía, lograron generar un ambiente sólo para “machos” y “guapos” que estaban dispuestos a jugarse el pellejo por el favor de alguna de ellas. En las piedras de colores son años de historia que ayudaron a tejer muchos que aún recuerdan anécdotas que se guardan en lo profundo, contándose sólo cuando se está entre amigos. Nunca en los momentos donde esposas, hijos y serios parientes son los interlocutores. Es por eso que, si bien el negocio dejó de funcionar hace varios años, la historia sigue viva entre la mayoría de la población masculina que alguna vez entró por esas puertas con la mirada clavada en una “ponchera” y en las cortas minifaldas de las que tan gentilmente atendían las mesas. Hoy por hoy la casa como tal, es sólo historia.
Un giro total
Llama la atención que al llegar al lugar donde antes estaba el antiguo local de diversión de la tía, la gente se encuentre con un acogedor y conceptual hostal dispuesto a dar un servicio de excelencia a los muchos turistas –especialmente extranjeros- que lleguan. Son 6 piezas –las mismas de antaño- que ahora están atinadamente decoradas, entregando un grato ambiente matizado con artísticas pinturas en las paredes. Todo muy “ad hoc” a los tiempos que se viven, donde la integración cultural y la tolerancia son un punto de partida para los lugares de este tipo. Según la administración del “Chile Peppers” –nombre del hostal- nunca supieron que el lugar en tiempos pasados cumplió la misión del placer por dinero, pero argumentan que no es un tema importante y que por el contrario demuestra la recuperación urbana de lugares apropiados para el turismo. “Algo muy dado en otras partes del mundo”, señalan. En el Chile Peppers es fácil encontrarse con turistas europeos y norteamericanos. El sitio está configurado para ser una zona de paso de aquellos que cumplen con itinerarios amplios. Gente interesada en la diversidad cultural, la ecología y la tolerancia. La idea, según los administradores, es que cada persona pueda llegar a un lugar agradable, con accesos rápidos a los más importantes circuitos turísticos. Un sitio donde también podrán comunicarse y conocer gente –se habla inglés y francés-. Lo increíble de este sitio es que si bien alguna vez fue lo que fue, hoy el ambiente es distendido y relajado. Nunca nadie que no conozca la historia podría imaginar el lujurioso pasado de la construcción. Por otro lado, aparte de las grandes remodelaciones interiores y exteriores, el hostal está equipado con cocina disponible a toda hora y servicio de Internet gratis. Además si las persona deciden quedarse por más de dos días, se les entrega la posibilidad de ocupar bicicletas, también gratuitamente. La noche en el Peppers vale cinco mil pesos y como oferta de lanzamiento –partió el 31 de enero- por cuatro noches de estadía se pagan solamente tres. En fin, una historia de recuperación urbana en pleno centro de Villarrica. Algo destacable en esta ciudad que más allá de sus apariencias, presenta un rico patrimonio cultural dispuesto a ser descubierto.
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